El futuro de la salud en el Condado de Sedgwick ¿Por qué la voz latina es la pieza faltante en el rompecabezas?

By Claudia Amaro/Planeta Venus

Este artículo forma parte de una serie que busca crear un puente entre los recursos, las instituciones y la comunidad latina de Kansas. Gracias a esta encuesta y a su participación, estaremos compartiendo con ustedes soluciones locales que ya están funcionando. En la primavera de este año publicaremos también una guía que recopilará todos estos recursos de forma accesible y fácil de compartir.

En este momento, en el condado de Sedgwick, el territorio que alberga la ciudad de Wichita y sus alrededores en el estado de Kansas, se está llevando a cabo un proceso crítico que determinará cómo se invertirán los recursos de salud pública durante los próximos años.

El Departamento de Salud del Condado de Sedgwick, la agencia gubernamental encargada de prevenir enfermedades y promover el bienestar de todos los habitantes de la región, se encuentra en la fase final de diseño de su próximo Plan de Mejora de la Salud Comunitaria (CHIP, por sus siglas en inglés), que entrará en vigor en 2026. A través de encuestas, sesiones de escucha y análisis de datos recolectados durante todo el 2025, funcionarios y organizaciones están decidiendo cuáles serán las prioridades—desde la salud mental hasta el acceso a alimentos—que recibirán atención y financiamiento. Sin embargo, existe una preocupación latente: a pesar de que los latinos representan una parte vital y creciente de la población, su participación en estas decisiones sigue siendo baja, lo que pone en riesgo la efectividad de las soluciones propuestas para esta comunidad.

CHIP no es simplemente un documento burocrático archivado en una oficina de gobierno; es la hoja de ruta que guiará las acciones de hospitales, organizaciones sin fines de lucro y el gobierno local para abordar las causas profundas de las enfermedades que afectan a las familias. Si la comunidad latina no está presente en la mesa de diseño, sus necesidades específicas, como las barreras del idioma, el miedo a buscar servicios por estatus migratorio o la falta de seguro médico, corren el riesgo de ser ignoradas. Este artículo busca explicar qué es el CHIP, revelar las estadísticas alarmantes sobre la salud de los latinos en Kansas, destacar los esfuerzos actuales de la directora de salud Adrienne Byrne y, finalmente, ofrecer soluciones prácticas desde la perspectiva de la experta local Monique García para cerrar la brecha entre los recursos disponibles y nuestra gente.

¿Qué es el CHIP y por qué debería importarnos?

Para entender lo que está en juego, primero debemos definir qué es el Plan de Mejora de la Salud Comunitaria (CHIP). Imaginen un plan maestro de construcción, pero enfocado en el bienestar humano. Según los documentos presentados en la Cumbre de Salud Comunitaria de 2025, el CHIP es un proceso liderado por la comunidad que se realiza cada tres años (aunque el próximo ciclo podría extenderse a seis años, hasta 2031, para lograr resultados más profundos). Su objetivo es identificar los problemas de salud más urgentes, desarrollar estrategias para solucionarlos y establecer responsabilidades para asegurar que el cambio ocurra.

El proceso funciona como un ciclo: primero se realiza una Evaluación de Salud Comunitaria (CHA), que es como tomarle una “foto” al estado actual de salud del condado mediante datos y encuestas. Luego, basándose en esa foto, se priorizan los problemas y se crea el plan de acción (CHIP).

Actualmente, el condado ha identificado temas tentativos que afectan a todos, pero que golpean con fuerza a las minorías. Entre las prioridades preliminares para el ciclo 2026-2028 se encuentran la salud mental, el acceso a la atención médica, la vivienda y el entorno alimentario.

La realidad de los datos: Salud y pobreza en Kansas

Para la comunidad latina en Kansas, participar no es un lujo; es una necesidad urgente respaldada por estadísticas preocupantes. El departamento de salud ha adoptado un enfoque “río arriba” (upstream), lo que significa que no solo quiere tratar la enfermedad superficialmente, sino solucionar las causas sociales y económicas que la provocan, conocidas como Determinantes Sociales de la Salud.

Los datos del condado revelan que el 80 por ciento de los resultados de salud de una persona no dependen de ir al médico, sino de su entorno físico, factores sociales y comportamiento. Aquí es donde la desigualdad se hace visible:

Pobreza y Seguro Médico: En el Condado de Sedgwick, 1 de cada 5 hogares con ingresos menores a $25,000 al año reportó no tener seguro médico. La pobreza actúa como una barrera que obliga a las familias a retrasar o saltar la atención médica, lo que empeora las enfermedades a largo plazo.

Alimentación: La inseguridad alimenticia—no saber si habrá suficiente comida para la semana—ha ido en aumento para las poblaciones afroamericanas e hispanas desde 2021. De hecho, estas poblaciones tienen porcentajes mucho más altos de inseguridad alimenticia en comparación con los individuos blancos.

Salud Mental: Existe una correlación directa entre los ingresos y el bienestar emocional. Los datos muestran que 1 de cada 3 habitantes de Kansas con ingresos familiares bajos experimenta mala salud mental durante aproximadamente la mitad o más de sus días en un mes.

Estos números demuestran que la salud no es solo cuestión de medicinas, sino de salarios dignos, vivienda segura y acceso a comida saludable.

Los esfuerzos del Departamento de Salud: La visión de Adrienne Byrne

Adrienne Byrne es la directora del Departamento de Salud del Condado de Sedgwick. Su rol es supervisar todas las iniciativas de salud pública del condado y asegurar que los servicios lleguen a los residentes. En una entrevista reciente, Byrne reconoció francamente los desafíos que enfrenta su departamento para conectar con comunidades diversas.

Adrienne Byrne, directora del Departamento de Salud del Condado de Sedgwick. Imagen del sitio web del condado de Sedgwick.

Byrne enfatiza que la clave para el éxito no son los folletos, sino las relaciones humanas. “No podemos saber, mirando desde afuera, lo que la gente necesita. Necesitamos escuchar de la gente qué funciona para ellos y escuchar su historia”, explicó Byrne. Ella admite que, sin la participación de la comunidad, el departamento está perdido: “Si no tenemos miembros de la comunidad involucrados en lo que estamos haciendo… estamos perdidos. Estamos en una gran desventaja”.

El departamento ha intentado innovar. Byrne mencionó que están tratando de cambiar la narrativa sobre la pobreza, enfocándose en la “movilidad ascendente” para no ver la pobreza como un estado fijo, sino como una situación que puede cambiar con las intervenciones correctas.

Sin embargo, Byrne también fue transparente sobre las limitaciones internas. Aunque desearían contratar más personal bilingüe, enfrentan barreras administrativas. “Necesitamos más personas bilingües… Parte de la preocupación y la barrera es que no hay un pago diferencial”, explicó Byrne, refiriéndose a que el sistema actual de Recursos Humanos no ofrece un salario extra por la habilidad de hablar un segundo idioma, lo que dificulta retener talento que pueda atender a la comunidad latina.

Sobre la comunicación, Byrne reconoció que la traducción automática no es suficiente. Recordó un incidente donde la información en el sitio web no era accesible hasta que se hicieron cambios visuales sugeridos por socios comunitarios. “No podemos simplemente comunicarnos con la cultura dominante. No podemos. Y son con quien terminamos comunicándonos si no hacemos un esfuerzo extra”, admitió Byrne.

La brecha de comunicación: cuando la traducción no es conexión

A pesar de las buenas intenciones de líderes como Byrne, existe una desconexión palpable. Un documento reciente titulado “Fortaleciendo la Participación Latina en las Encuestas CHIP” reveló un dato alarmante: aunque la encuesta del CHIP 2025 fue traducida al español, no se devolvieron encuestas en español.

Esto no significa que los latinos no tengan opiniones; significa que el método falló.

Monique García, consultora de relaciones comunitarias, políticas públicas y defensa de derechos. Fotografía proporcionada por Monique García.

Monique García es una residente de Wichita con una trayectoria extensa en el área de salud pública. Ha trabajado desde la Casa Blanca en la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas hasta en iniciativas locales en el “North End” de Wichita, una zona históricamente latina. Actualmente, García utiliza su experiencia en asuntos públicos para abogar por una comunicación culturalmente competente como consultora en comunicación inclusiva.

Para García, el problema radica en confundir traducción con comunicación. “Muchas organizaciones tienen buenas intenciones… pero simplemente traducir un folleto al español no es suficiente”, señala García. Ella explica que los matices culturales son vitales. Un ejemplo claro fue el uso de la frase “roll up your sleeve” (súbete la manga) durante las campañas de vacunación. En inglés es un llamado a la acción claro, pero en español, traducido literalmente, no tiene el mismo peso emocional o cultural y puede sonar simplemente como prepararse para un trabajo manual.

García también destaca la brecha digital como un factor de exclusión. “La tecnología y las redes sociales pueden ser herramientas útiles, pero no son una solución por sí solas”, advierte. Aunque muchos latinos tienen teléfonos inteligentes, eso no garantiza que tengan planes de datos confiables o internet en casa para llenar encuestas largas o buscar recursos complejos. García relata la historia de una estudiante universitaria en Wichita que, durante la pandemia, tenía que ir a estacionamientos de McDonald’s para usar el Wi-Fi público porque su hogar carecía de conexión. Si las instituciones dependen únicamente de encuestas digitales o códigos QR, se está dejando fuera a las familias más vulnerables.

Barreras sistémicas: miedo y desconfianza

Más allá del idioma y la tecnología, existe una barrera de confianza. El documento sobre la participación latina señala que en el condado de Sedgwick hay hogares indocumentados o de estatus mixto. Esto genera una vacilación natural para responder a encuestas asociadas con entidades gubernamentales, incluso si se promete que son anónimas.

Además, las prácticas de salud en la comunidad latina a menudo están influenciadas por conocimientos generacionales y remedios caseros. Si el sistema de salud no reconoce y respeta estas tradiciones, la desconexión se profundiza. Monique García enfatiza que “cuando la información no llega a las comunidades latinas, rara vez es porque a la gente no le importe. Más a menudo, se trata de cómo se entrega el mensaje, quién lo entrega y si se siente relevante”.

El camino hacia el futuro

1. Mensajeros de Confianza y “Promotoras La solución más efectiva es utilizar a personas que la comunidad ya conoce y en las que confía. García destaca el rol de las “promotoras” o trabajadores de salud comunitaria. “Su rol va más allá de la salud—ayudan a la gente a navegar la escuela, el trabajo, la vivienda y las cosas cotidianas”, explica. El modelo del condado de Wyandotte, citado en la cumbre, utiliza “Agencias Líderes” (organizaciones locales de confianza) para implementar estrategias, en lugar de que el gobierno lo haga todo solo. Sedgwick podría adoptar este modelo, empoderando a líderes latinos locales.

2. Ir a donde está la gente (El modelo “The Toolbox“) García menciona el éxito de “The Toolbox” en Kansas City, un programa para pequeños negocios que funcionó porque sus líderes fueron de puerta en puerta para escuchar primero, antes de ofrecer soluciones. El Departamento de Salud no puede esperar a que los latinos vengan a las clínicas; debe ir a los supermercados latinos, a las iglesias y a los eventos comunitarios con información impresa y accesible, no solo digital.

3. Asociaciones con Medios Culturalmente Competentes García subraya la importancia de medios como Planeta Venus. “La información no solo se traduce, sino que se interpreta y se comparte por personas que conocen la comunidad”, dice. Utilizar plataformas que ya tienen la confianza del público es más efectivo que crear campañas gubernamentales desde cero.

4. Participación en las reuniones del CHIP. Para la comunidad latina, la solución inmediata es hacerse presente. El proceso del CHIP 2026-2028 aún está abierto. Aunque puede resultar intimidante entrar en espacios gubernamentales, Adrienne Byrne ha dejado claro que las puertas están abiertas y que la participación externa es posible y necesaria.

La salud del condado de Sedgwick depende de que todos sus residentes tengan voz. Como concluye Monique García: “El objetivo no debería ser marcar una casilla diciendo ‘tenemos una versión en español’.’ El objetivo debe ser comunicarse de maneras que reflejen el contexto cultural, la experiencia vivida y la confianza”. La invitación está hecha; ahora depende de la comunidad latina tomar su lugar en la mesa.

Si está interesado en obtener más información o participar en el proceso CHIP, envíe un correo electrónico a: HealthCHIP@sedgwick.gov.

Este artículo ha sido producido como parte del proyecto financiado por el programa de becas de AltaVoz Lab, una organización sin fines de lucro que asesora, capacita e impulsa a periodistas locales para que produzcan proyectos periodísticos de impacto, colaborativos y orientados a la rendición de cuentas y al servicio público en medios de comunicación que atienden a comunidades históricamente desfavorecidas en todo Estados Unidos.


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